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PR de la Basa de la Mora por el Collado del Ibón

Esta ruta, o parte de ella, a estado en el tintero durante largo tiempo, he de reconocer que no veía en ella gran atractivo pero el "pack" que me ofreció Jorge incluía una de las bajadas que me quedaban por hacer en el sobrarbe y desde siempre me había atraído el echo de que la gente me dijera que por ahí no se podía bajar en bici. Además contaríamos con la agradable compañía de los naburros Jim y Cuñator, a los cuales íbamos a hacer participes de esta ruta inédita. Nuestra experiencia es una buena muestra de que nuestro deporte no tiene limites, lo que ayer parecía una salvajada al alcance de muy pocos hoy es lo que esta de moda y lo asumimos como normal. Antes de afirmar que algo es imposible debemos haberlo intentado antes con el convencimiento y la ilusión de que es posible, solo así conseguiremos franquear las barreras que nos imponemos a nosotros mismos y también las que otros nos imponen.  Este afán por conocer nuestras posibilidades y limitaciones nos lleva a realizar recorridos más duros, trialeras más difíciles, a ir más rápido y frenar menos, a forzar en cada curva, a arriesgar en cada salto,  a caminar sobre la delgada linea en la que el reto comienza a superar a nuestra habilidad. Este es el relato de lo sucedido.

Llegados a Plan, punto de partida de la ruta, iniciamos el rito pre-ruta: vestirse de romano, encender gps, llenar agua, ajustar mecánicas, cremita para el sol etc... Comenzamos nuestra ascensión de forma suave y progresiva por la pista del Puerto de Saúnc, conforme ganamos altura el horizonte se va poblando de picos y collados a nuestras espaldas, Suelza, los Batuás, Urdiceto, Pegueras, Cruz de Guardia... La riqueza paisajística de la Bal de Chistau se ve engrandecida por la lluvia del día anterior, el verde es más verde y el terreno agradece la sazón con tonos más vivos y grandes contrastes, el día ha amanecido diáfano y la mezcla de colores y luces nos deja cautivados. El ambiente es fresco y se agradece a estas alturas del verano, parece como si el aire cundiese más.


Llegamos al Collado de la Cruz, una amplia vaguada desnuda de pinos entre la Sierra de Chía y las estribaciones del Macizo de Cotiella, buen sitio para comer algo de fruta y unas barritas (lo bueno lo guardamos para el final). Continuamos por una pista siguiendo las marcas de un PR al Ibón de Plan que la abandonan al poco para introducirnos por un sendero a ladera que atraviesa prados, bosques y graveras, dejando a nuestra espalda la mole del Posets.



El macizo calcáreo sobre el que cabalgamos, presa de los agentes atmosféricos, se desmigaja formando ríos de piedra de apariencia inmóvil cuyo equilibrio estático se ve comprometido a nuestro paso y numerosas piedras se precipitan ladera abajo mientras nos alejamos dándole al pedal. La ciclabilidad se ve comprometida en varias ocasiones por la inestabilidad del terreno y el desnivel de algunos tramos pese a que el camino gana altura de forma progresiva, aun con todo ciclamos bastante hasta llegar al praderío de la plana Angón. Aquí, el valle que conduce al Collado del Ibón se abre a nuestra derecha, primero por herbazales y luego atravesando canchales y antiguos restos de morrenas mientras va estrechándose hasta el paso custodiado por los picos Peña las Diez y Picollosa.



La vista se deleita de este espectáculo lítico mientras porteamos los 250m. de desnivel, desde el Paso de Las Garzas divisamos el Circo de Armeña en la norte del Cotiella. Durante el ascenso, las nubes ganan terreno desde el este y quedan retenidas por los picos circundantes pero no avanzan más allá de nuestro collado, forman junto con el suelo un túnel gris cuya salida azul nos conduce a nuestro objetivo.
Ya en el collado y una vez abrigados comemos embutidos, sardinas, chipirones, queso que hemos traído entre todos y pan para empujar, vamos un manjar. Son momentos de relajo e introspección, cierta inquietud nos invade desconocedores de lo que nos deparará el descenso.


Enfundados en las protecciones comenzamos la bajada siguiendo una tímida traza de sendero que pronto gana piso y evidencia atravesando canchales con elegancia.
 


Los tramos rápidos y lentos se alternan dependiendo de la granulometría del material depositado en la ladera, contra más fino mejor. A pesar de la bonanza del camino, el terreno, falso como el sólo, no permite demasiadas alegrías y exige sobriedad en el pilotaje, intentamos encontrar una trazada limpia entre tanto bolo e incluso durante algunos metros lo conseguimos.


Más abajo el monte suaviza su pendiente y los ralos pinos negros encuentran algo de sustrato terroso sobre el que hundir sus raíces y erguir su retorcido tronco a merced del rayo y la avalancha, pronto entramos en una zona de pradera y pinar espeso donde el camino esconde su rastro y bajamos hasta el ibón siguiendo un poco nuestro instinto pues las marcas de GR brillan por su ausencia. Estamos en uno de los lugares más bellos del pirineo y paradigma del paisaje pirenaico, lugares como este engrandecen la montaña y alimentan leyendas ancestrales.  Mis compañeros toman un baño pero yo decido abstenerme puesto que el agua no se encuentra a 25 grados precisamente y el ambiente es fresquito, decido tomar el sol mientras ellos ablandan sus tullidos cuerpos.


Aún nos quedan 900 metros de desnivel a perder (o más bien dicho disfrutar) que son una incógnita puesto que las fuentes consultadas no ofrecen un testimonio esclarecedor, solo un ciclista que conocemos afirma haber bajado el camino y lo recuerda como uno de los más difíciles que ha hecho, la dificultad es relativa hasta cierto punto, claro. El camino, que sigue paralelo el curso de agua que mansamente escapa del ibón,  tras atravesar unos prados, se adentra en una depresión que engulle el terreno de forma súbita, las pendientes son cada vez más verticales y nos metemos de lleno en el curso de una barranquera. El comienzo de la bajada nos coge un poco fríos y desconcertados, cuesta dominar la pendiente y sortear los pasos difíciles que vamos encontrando. Poco a poco la cosa se va complicando encontramos curvas muy cerradas en fuerte descenso, arrastraderas escalonadas de esas que, si entras, sales por abajo montado o sin montar, escalones de los que toca el pedalier, el limite lo pone cada uno pues con buena técnica es casi casi ciclable al 99,9%. con el transcurso de la bajada vamos cogiendo ritmo y cada paso que salvamos nos da confianza, poco a poco nos vemos más capaces, nos crecemos, es difícil parar, cada vez queremos más. La bici se convierte en una prolongación de nuestro organismo y sentimos el terreno como si lo tocásemos con las manos. El estado de concentración es máximo en cada uno de nosotros, las palabras escasean. Las paradas se hacen largas y tensas, aparece cierto nerviosismo por seguir la bajada, quizá ,como medida de defensa, nuestro cerebro nos da ordenes de seguir para terminar cuanto antes y salir de este medio potencialmente peligroso, quizá nuestra conciencia nos aconseja no parar demasiado para no perder el ritmo a la bajada o quizá es tal el disfrute que nos supone nuestra superación que no pensamos en otra cosa que seguir haciéndolo; no lo sé, seguramente es una mezcla de las tres. El ultimo tercio de la bajada se suaviza pero aquí abajo el terreno está mojado y el verdete de la piedras patina como puro hielo, poca broma, el tortazo en estas condiciones no se ve venir. Al final lo conseguimos y llegamos abajo tras 45 minutos de bajada desde el ibón y 900 metros de desnivel disfrutados en 3,5 kilómetros. Acabamos de hacer una de las bajadas más difíciles que hemos hecho nunca, pero quien sabe si dentro de unos años volvemos a hacerla y nos parece menos difícil. Habrá que verlo.

Liena - Camino de las Pardas - Barrosa. Una pirenaica con aire muy alpino.

Llamada el Sábado tarde a Martín, justo después de plegar, que hacemos mañana?. Días antes habíamos comentado la posibilidad de hacer la vuelta al Vignemale el domingo, pero ni a mi me apetece semejante soba ni él se encuentra con fuerzas las penurias pasadas la noche anterior al hacer la peña montañesa en bici y quedándose a dormir sin agua ni comida ni ropa a 2000m. al hechársele la noche encima. Los dos tenemos ganas de hacer algo un poco más light pero cañero, en ese momento se me ocurre una buena jugada: hacer el camino del Puerto de Barrosa entrándole por el Camino de las Pardas desde Liena. Los dos conocemos el camino de barrosa, no en bici pero si andando así que tampoco hay que hablar mucho más, la única incognita es el Camino de las Pardas yo lo hice hace un par de años y sabía que nos tocaría patear y que nos podíamos encontrar cualquier cosa pero que el espectaculo estaba garantizado.
Quedamos el domingo a las 9:30 en Laspuña, ni yo llego a la hora ni Martín está preparado, pasadas las diez emprendemos camino hacia Chisagües. Durante el trayecto en coche Martín me da una Masterclass sobre el Mate (infusión muy tomada en Sudamérica) y yo mismo preparo uno, la ley dice que el que lo hace tiene que beber el primero, me toca darle el primer sorbo y la sensación es como cuando fumas por primera vez, sabe a rayos pero tras echar agua en el mate un par de veces el sabor se suaviza y empieza a gustarme, llegamos a Chisagües casi sin darme cuenta.
A eso de las once y cuarto empezamos a pedalear por la pista de Liena, el firme es bueno y la pendiente deja usar el plato mediano. Vamos remontando el valle del río Real que al principio es angosto y abrupto, poco a poco se va abriendo y un rato después empezamos a ver el río que discurre entre verdes praderas custodiadas por los farallones rocosos de la cara norte del Comodoto, algunas bordas aisladas van humanizando el paisaje. Los pinos negros empiezan a ser una minoría cuando de repente la pista se endurece y el firme se complica, el sol pica de lo lindo, nos cruzamos con un ciclista que ya ha emprendido la bajada por la pista -mal empleado el desnivel- pienso en voz alta entre jadeos.
En Petramula la pista da una giro de 180º remontando la ladera sur de la Sierra de Ruego, llegamos al refugio de ruego desde donde tenemos las primeras vistas de la norte del pedido que se asoma imponente sobre el collado de Coronetas, su maltrecho glaciar todavía guarda nieve de este año, no está mal para estar a mediados de agosto.
Poco antes de llegar a la cima de Liena una flecha indicando Camino de las Pardas nos desvía por un camino horizontal que se dirige a los pies del Pico de Espluca Ruego, este es el punto de entrada del Camino de las Pardas en el circo de Barrosa. El paisaje cambia de forma drástica: un pasamanos a la izquierda, un abismo a la derecha y al frente los paredones sobre los que se asientan los tresmiles de Robiñera y la Munia. Es el momento de comernos el bocata y reponer fuerzas, durante el  ágape  intentamos recorrer visualmente el camino que parece seguir por una faja natural del terreno, dos o tres barranqueras más allá de donde estamos divisamos una pedriza muy vertical donde el camino parece haber sido arramblado por un alud, me acerco andando para confirmar nuestras sospechas pero son infundadas, hay un pequeño trazo que permite atravesar la pedriza de forma cómoda y el camino incluso se antoja ciclable por momentos.
Martín va delante y la emprende montado en la bici, yo no lo tengo tan claro, este terreno no permite errores ni mala suerte pero tras unos metros mis sentidos se adaptan al medio y puedo montar, son tramos cortos los que ciclamos puesto que el camino es estrecho y el firme inestable, mientras, la adrenalina empieza a fluir con fuerza.


Nuestra osadía encuentra recompensa en la dramática espectacularidad de esta faja a 2400 m. de altura encasquetada entre paredes verticales y colgada sobre el circo de Barrosa.


Más allá, en la base de una barranquera, un nevero alimentado por los aludes invernales todavía resiste el intenso calor de estos días, afortunadamente su presencia no nos supone ningún problema puesto que se ha abierto una rimaya de dos metros de alto por uno de ancho entre este y la pared permitiéndonos el paso sin problemas y ofreciéndonos fotos más típicas de otros deportes, ¿es esto mountain bike, o que?. Continuamos por inmensas pedrizas y un nevero que obstruye el camino nos obliga a descender unos metros para salvarlo, por un momento el terreno suaviza su pendiente y entramos en una zona de prados donde el camino remonta unos metros para salvar un hombro y vuelve perder altura, atravesamos varias torrenteras que aprovechamos para rellenar agua, nos quitamos las piedras de las zapatillas también.


El horizonte se oscurece de nuevo bajo las paredes de la Munia que parecen infranqueables desde nuestra posición, forzando la vista se intuye una leve fisura horizontal entre los pulidos escarpes que debe ser el camino que buscamos. Vuelve el pasamanos, si no me falla la memoria el peor paso viene ahora, el camino salva una pared de piedra en una zona donde el sustrato es terroso, el techo está extraplomado, el apoyo es precario y el pasamanos se ha desprendido de la pared, pero lo salvamos sin mayores complicaciones y continuamos nuestra progresión.
Tras diez minutos conectamos con el camino de Barrosa que tomamos en dirección al puerto y todavía nos quedan fuerzas para subir pedaleando hasta el collado.
En el lado francés nos topamos con  el circo de Barroude con sus paredes escarpadas que rápidamente dan paso a la tasca y a los lagos enturbiados por un azul turquesa. A la derecha del collado el camino sigue de forma muy evidente por un cerro de grava pelado, así que decidimos continuar hasta una pequeña loma cimera que algunos mapas denominan Pico del Puerto 2654 m. sabiendo, que una vez arriba, nos quedarán algo más de 1.200 m. de desnivel en unos diez kilometros de sendero y cerca de una hora de bajada hasta el Hospital de Parzán.

Raqueteada en la montaña de Tella

Parece ser, ojalá me equivoque, que la temporada de esquí en estación está tocando a su fin. A no ser que venga una de norte y vuelva a nevar, en ese caso estaré atento a ir el día siguiente antes de que se malmeta el blanco elemento. De todas formas todavía hay nieve en el monte y el que no esquía es porque no quiere. El pasado miércoles estuvimos dándole a las raquetas y a los esquís para subir al monte a la derecha del Portillo de Tella y bajar esquiando. A primera hora la nieve estaba más bien dura y a medida que el sol fue calentando enseguida se puso una capa de unos tres o cuatro dedos de nieve "pasteta" que se dejaba esquiar muy dignamente.



Comienzo por la Pista de Bucherbala

 Objetivo fijado

Un sol de justicia nos acompaña

 Descansando

 Poco a poco ganando altura

 El terreno se va empinando

Cima

El momento de ponerse de pie y empezar la bajada

De la bajada no hay demasiadas fotos... cualquiera para



Luego la merecida cervecita y la sensación de haber cumplido.